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Reseña: “Rocketman”

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Reseña: “Rocketman”

Esta es una reseña libre de spoilers. Si aún no has visto Rocketman, puedes leerla sin temores.

Antes de empezar con la reseña, me gustaría aclarar un punto —como hiciera en su momento con Bohemian Rhapsody: como siempre, voy a mantener la reseña libre de spoilers, pero si conoces los detalles de la vida de Elton John, no hay mucho que puedas spoilearte. De todas maneras, en el transcurso de esta reseña, no revelaré puntos claves del desarrollo de la trama. Dicho esto, vamos a empezar.

A pesar de que no soy ni mucho menos fan de Sir Elton John y no conozco a profundidad su discografía —más allá de los hits que todos hemos escuchado alguna vez—, me emocionaba la idea de ver Rocketman. Las primeras reacciones de la crítica eran, en su mayoría, bastante positivas, lo cual no hacía más que elevar mis expectativas. A diferencia de mucha gente, el hecho de que la cinta sea más un musical que un biopic no me molestaba, sino todo lo contrario: como amante hardcore de los musicales, me fascinaba. El día finalmente ha llegado: Rocketman ya se encuentra en cartelera, finalmente la he visto, y aún no logro definir con exactitud cómo me siento sobre ella.

Por alguna razón, el hecho de que la cinta dirigida por Dexter Fletcher haya sido vendida tanto como ‘más un musical que un biopic’ me ha jugado una mala pasada. He ido esperando ver una cantidad exagerada —pero exagerada— de números musicales, cuando en realidad los que hay se pueden contar con una mano (y quizá un poquito más). Eso sí, cada uno de ellos está ejecutado con tal maestría, que te dan ganas de atravesar la pantalla y ponerte a cantar —y, en algunas escenas, bailar— con el elenco. Rocketman utiliza las canciones de Elton John de una manera que la distingue de otros trabajos del género: incorporándolas como un recurso narrativo más, antes que sólo como una banda sonora, una decisión más que acertada.

El guion de Lee Hall necesita algunos ajustes —tiende a caer demasiado en los clichés, el melodrama y hasta lo cursi—, pero no le resta a la historia, si bien la duración de la cinta se extiende por unos cuantos minutos más de lo necesario. A cargo de la fotografía estuvo George Richmond, otro aspecto en el que Rocketman se destaca. La explosión de colores generada por los escenarios, las luces y los extravagantes vestuarios contribuyen al deslumbrante espectáculo visual que ofrece la cinta. El magnífico diseño de producción evoca sin temor a la nostalgia la era dorada del artista, sin olvidarse de sus inicios y su eventual ascenso al estrellato.

El trabajo del elenco de Rocketman —liderado por un brillante Taron Egerton como Elton John, acompañado de Jamie Bell como Bernie Taupin, Richard Madden como John Reid, Bryce Dallas Howard como Sheila Eileen, Stephen Graham como Dick James, Charlie Rowe como Ray Williams, Gemma Jones como Ivy, Steven Mackintosh como Stanley, entre otros— es sólido y consistente, pero es la interpretación de Egerton la que se lleva todos los elogios. El actor entrega una performance emocionante y llena de matices —y canta él mismo todas las canciones de la cinta—, que se vuelve cada vez más cautivadora a medida que avanza la película.

Mi principal problema con Rocketman —y la razón por la que tengo sentimientos encontrados sobre ella— es que siento que no me ha llegado. Que me ha faltado emocionarme y vivir la experiencia con mayor intensidad. Sí, objetivamente es una película maravillosa, pero si tuviera que hablar desde un punto de vista más subjetivo… pues algo ha fallado, porque no he podido conectar con ella del todo. Quizá esto se deba en parte a mi ignorancia generalizada sobre todo lo relacionado a John —ya he aclarado previamente que sólo conozco sus grandes éxitos, mea culpa—, pero, ¿cumple realmente una cinta su propósito si sólo puede ser experimentada a plenitud por un sector de la audiencia? Mi opinión podría diferir aquí de la de otras personas, pero yo creo que no. La película no ha conseguido hacer que me enamore de la música de John, ni que quiera escucharlo sin parar durante lo que resta del año, aunque sí me ha enseñado a simpatizar con el ser humano detrás de la superestrella.

Las comparaciones son odiosas, y a mí comparar Rocketman con Bohemian Rhapsody me parece un error muy grande. En primer lugar, porque ambas cintas son extremadamente diferentes: la de Queen es un biopic en toda la regla —aunque se tome sus libertades a la hora de contar la historia—, mientras que la de Elton es más que nada una fantasía musical. En lo que sí son similares es en su estructura, y su estética —lo cual es totalmente comprensible, ya que ambas pasaron por las manos de Fletcher. Más allá de eso, ambas películas tienen sus aciertos y desaciertos; ni una es mejor que otra, ni tampoco está bien usar a una con el fin de hacer de menos a otra o argumentar que ‘Rocketman es todo lo que Bohemian Rhapsody debió ser’ —un mantra que he leído en incontables ocasiones desde el estreno de la primera—, cuando las dos cintas se sostienen por sí solas por lo que son: un homenaje a sus protagonistas, hecho por cada una a su manera. Personalmente, creo que Bohemian Rhapsody es más un crowd-pleaser y se centra mucho más en el aspecto musical y creativo de su protagonista, mientras que Rocketman se decanta por mostrar el lado oscuro y más personal del mismo, algo que el filme basado en la vida de Freddie Mercury ha evitado y por lo que fue duramente criticado en su momento.

A pesar de que los 121 minutos se me hicieron un poco largos en principio, el último cuarto de hora me ha parecido la mejor parte de Rocketman. La película pierde mucho momentum más o menos hacia la mitad, pero lo recupera hacia el final, y se corona con un desenlace que —aunque incluso yo, no fan, pude ver venir desde que empezó el tercer acto— resulta más que satisfactorio. La canción elegida para ser la protagonista del montaje final es una que yo misma hubiera escogido para ese propósito, por el poderoso mensaje que encierra dentro del contexto del filme. Y cumple con su función a la perfección, cerrando la historia con una sensación de victoria.

Llena de magia y lentejuelas, Rocketman es, a todas luces, un homenaje sincero a la carrera de Elton John. Y aunque no sea 100% efectiva, su determinación, valentía y honestidad a la hora de contar la historia del showman —con todos sus altibajos, virtudes y defectos— son de admirar.

Calificación: 7.3/10.

Si eres fan de Elton John, Rocketman es una parada más que obligatoria. Si, en cambio, no eres fan, tampoco tienes ninguna excusa válida para perdértela… a menos que no te vaya el rollo musical, que si ese es tu caso, quizá echarle un vistazo al tráiler abajo te haga cambiar de opinión.

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“Me paso la vida soñando. Soñando con que el mundo real pueda ser un poco más como las innumerables películas, series y libros que paso mi vida consumiendo. Soñando con que, un día, algún acontecimiento fantástico y que altere el curso de nuestro mundo, rompa con la monotonía de mi aburrida existencia y me lleve a una gran aventura espacial”. — Fragmento de "Armada" (2015), Ernest Cline.

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